jueves, 18 de enero de 2018

CUATRO DESEOS PARA LA LLEGADA DEL PAPA


A escasas horas para la llegada al Perú del Papa Francisco, nos hemos propuesto hacer un catálogo de propósitos que harían de esa gaseosa e imposible ‘reconciliación’, algo viable y no una mera excusa o engañifa con que se disfraza más de un despropósito. La visita del Santo Padre, debiera llamar a reflexión a quienes se dicen a sí mismos ‘hombres de fe’.

1.- Así como ha sucedido en Chile con los deudos de las víctimas de la dictadura pinochetista, convendría que Francisco haga lo que el presidente de la República ha obviado en grandilocuente gesto de desprecio: reunirse con las víctimas de la dictadura de Fujimori y Montesinos. Sería un acto de justa reivindicación. Sin embargo, es probable que esto no suceda, pues el Papa tendrá, cual estampilla engomada al sobre, a ese político en sotana para el que los derechos humanos son una grandísima cojudez. 

2.- Mencionar que el odio a nada conduce; menos cuando sirve para inflamar a una sociedad profundamente polarizada y, enmendándole la plana al señor Cipriani, repita como ante la comunidad mapuche de Chile, que ningún asesinato debe quedar impune, pues ello impide una auténtica reconciliación y entendimiento entre las partes. Aunque sea una prédica que desagrade a la máxima autoridad de la Iglesia Católica en el Perú, significaría una piadosa enmendadura de plana, como cuando Francisco criticó la repartija de entradas a su misa en las Palmas.

3.- Hacer notar que disentir de la opinión del otro no significa un hecho ‘terrorista’. Por el contrario, es un acto de legítima indignación y el ejercicio del derecho elemental de opinión, callando así la monserga de quienes hacen escarnio de la memoria de las víctimas de los asesinatos cometidos en los años noventa, rompiendo, además, con esa ociosa y truculenta estigmatización de ‘terrucos’ con la que atizadores del odio siguen etiquetando a sus familiares. ‘Colina’ no fue una corte de monaguillos, ni mucho menos instrumentos del Señor.

4.- Invocar a los actores políticos –que dicen ser católicos, apostólicos y romanos- a que resuelvan sus discrepancias en un clima de paz, sin procacidades ni lindezas, como es moneda corriente en nuestros días.

      Son los cuatro deseos de un creyente que ve en la visita del Papa, la oportunidad y el escenario perfectos para darle sustancia y contenido a la tan mentada ’reconciliación’ que, de momento, no se asoma ni perfila.

Foto: Radio Capital

Lima, enero de 2018

sábado, 30 de diciembre de 2017

INTERÉS CON INTERÉS SE PAGA



Es la noticia del año, y el presidente de la República no tuvo ‘mejor’ momento que plantearla en vísperas de Navidad, por ello es imposible no comentarla. De ahí que hayamos modificado el viejo refrán que da título a estas líneas. Y es que, a ojo de buen cubero, no existe amor entre el presidente y Kenji Fujimori, tras de quien asoma la figura tutelar de su padre, sino un mero trueque; un intercambio de favores fraguado, incluso, a espaldas de los consejeros más próximos a Pedro Pablo Kuczynski (PPK).

      Mucho se ha repetido por estos días que ningún anciano merece morir en la cárcel. Estamos de acuerdo parcialmente, pues Abimael Guzmán sí se lo merece. Incluso nuestro presidente, siendo un hombre de la tercera edad, no se merecía la cruel guillotina de la vacancia, pues fue elegido en justas lides y debe terminar su mandato en 2021; no antes. Pero el que PPK sea un exitoso empresario y banquero, no lo hace, ni por asociación de ideas, un estadista. Se ha estado disparando compulsivamente a los pies a lo largo de año y medio de gobierno y, lamentablemente, sufre de rinitis política, porque es incapaz de olfatear los dilemas a los que debe adelantarse como jefe de Estado. Sobre esto ya hemos escrito extensamente en nuestro anterior articulillo.

    El criterio de la oportunidad, tan indispensable en política básica, le es ignoto. Pudo haber esperado unos cuantos meses antes de ejercer su prerrogativa constitucional de indultar a un delincuente, y lo decimos así sin afán peyorativo, pues por definición este derecho de gracia -que es a su vez un rezago monárquico- se concede por definición única y exclusivamente a delincuentes; jamás a un inocente. En la práctica consiste en que la cabeza del Ejecutivo enmiende la plana y deseche la decisión tomada por otro Poder del Estado (el Judicial), lo cual ya es discutible y ha merecido más de un debate doctrinario en foros académicos.

      PPK olvida un hecho incontrastable: que fue elegido básicamente en oposición a Keiko Fujimori y, políticamente hablando, su decisión significa un desaire al electorado que le endosó sus votos en segunda vuelta. Pero no es lo único que olvida nuestro presidente; también ha devaluado aún más su feble credibilidad al renunciar a su propia palabra; él no concedería el indulto, repitió más de una vez en campaña, por el contrario, promovería un proyecto de ley que permitiera una modificación a nuestra legislación a fin de que Alberto Fujimori cumpliera arresto domiciliario. Así lo entendieron muchos de sus colaboradores más cercanos, entre consejeros presidenciales, congresistas de su bancada, y funcionarios varios de su régimen que, legítimamente, se han sentido defraudados por su decisión. Entre los congresistas, sus más ardorosos defensores en contra del pedido de vacancia propiciado por el fujimorismo radical: Vicente Zeballos (vocero titular de la rala bancada oficialista), Gino Costa y Alberto de Belaunde. Entre sus consejeros, Máximo San Román (que estuvo monitoreando el debate de la vacancia desde una de las galerías del Parlamento) y Felipe Ortiz de Zevallos. Entre los ministros de Estado, Carlos Basombrío (Interior) y Salvador del Solar (Cultura). La renuncia del director de Derechos Humanos del Ministerio de Justicia, Roger Rodríguez, también es significativa. ¿Con quién piensa gobernar ahora el señor presidente?, ¿acaso con alguno de los diez fujimoristas del ala ‘albertista’ que se abstuvieron de votar en favor de su vacancia? Ese favor ya ha sido pagado con el indulto a su líder histórico. Nada se deben el uno con el otro.

      Pero lo que menos entiende el presidente de la República es el agravio que ha infligido a los deudos de La Cantuta y Barrios Altos (niños incluidos entre las bajas del premiado grupo Colina). Su escueto y genérico mensaje a la Nación propagado cuarenta y ocho horas después de la concesión de su gracia (acaso forzado por las marchas en contra de su decisión, por cierto, soberana) fue una repetición de los argumentos del ex reo de Barbadillo, mimetizándose con él: don Alberto Fujimori sólo cometió “errores y excesos”. Si sólo fueron pecadillos, parafraseando a un gran político cuyo hijo fue protagonista de un ‘vladivideo’, ¿para qué la concesión del indulto? ¿Sabe PPK lo que es jurídicamente un indulto y lo que compromete? En honor a la verdad, lo estamos dudando. Bastaba entonces con abrirle a Fujimori las puertas de Barbadillo, sin que tuviera que despeñarse políticamente con una decisión que ha polarizado aún más a la población haciendo inviable –desgraciadamente- su tan mentada invocación a una ‘reconciliación’, término antes demonizado por los fujimoristas radicales, y hoy ensalzado por ellos mismos. ¡Cuidado!, también los terroristas hacen alarde de él.

       Hace unos meses, PPK sostenía que no quería hacer de Fujimori un segundo Leguía. Quizá sus años de internado escolar en Inglaterra le hayan impedido ojear un libro básico de Historia del Perú, y de allí su trastabillada. Augusto Bernardino Leguía agravó su enfermedad en la cárcel, ciertamente, y fue llevado a Bellavista cuando todo era inútil para salvar su vida, pero el régimen que lo confinó en el presidio fue una dictadura, la de Sánchez Cerro, que no le permitió un justo juicio. Por el contrario, Alberto Fujimori fue juzgado en democracia, con todas las garantías del debido proceso, con observadores internacionales que verificaron la pulcritud del mismo y, adicionalmente, con la transmisión en vivo, por las diferentes estaciones de televisión, de las incidencias de su juicio oral. Documéntese, señor presidente.

      Habiendo dicho esto, como tributarios de los derechos establecidos en la Constitución, no estamos en contra de las marchas que discrepan de la decisión presidencial, pues presuponen el ejercicio del derecho de reunión. Nos oponemos enérgicamente a los desmanes y provocaciones que se han dado en ellas, pues las deslucen y desnaturalizan, pero así de dividido está el país por la actitud del presidente y la débil, balbuceante y pueril explicación que ha dado el ministro de Justicia, que por decencia, debería hacer dimisión de su cargo. No me extrañaría, sin embargo, que sea ratificado por el presidente, dado que han cojeado, en este caso en concreto, del mismo pie: la mendacidad. No por gusto han hecho de él, de Alberto Fujimori, y de su amado Kenji, las piñatas más requeridas para celebrar el fin de año a modo de auto de fe inquisitorial.

       Pese a lo crítico que se presenta el panorama político de estos días, deseamos a todos los que tengan a bien leer nuestros humildes comentarios, un mejor año 2018, del mismo modo en que, como demócratas, van nuestros parabienes al actual presidente de la República, que se está quedando solo, solitariamente solo, valga la redundancia, y por exclusiva culpa suya.

Foto: Deslengua2
  


 Lima, 30 de diciembre de 2017

viernes, 22 de diciembre de 2017

GOLPE FRACASADO


No prosperó la consigna de la dueña de Fuerza Popular, Keiko Fujimori: que su bancada eche de Palacio de Gobierno al presidente que, para mal o para bien, habita ahí por decisión ciudadana. La todopoderosa lideresa y heredera de la prepotencia y estilos con los que gobernó su padre en los noventa, soñaba con engullirse a Pedro Pablo Kuczynski (PPK), cual pavo navideño. Ni los bramidos del impresentable Becerril, ni el ultimátum altanero y risible de su versión edulcorada, el tal Salaverry, le permitieron degustar un menú del cual no quería dejar ni los huesos; idea que fraguó desde el momento mismo en que PPK asumió el mando. Tampoco sirvieron las desternillantes argumentaciones de su ahijada política, Yeni Vilcatoma, cuyo verbo inflamado y las alusiones a Condorito, generaron más de una carcajada a mandíbula batiente. La señora Bartra, quien ha sumado un baldón más en contra de su desempeño como presidenta de la Comisión Lava Jato del Congreso, profanó en vano las palabras de José Faustino Sánchez Carrión, Fundador de la República, para justificar torpemente lo que hubiese constituido un golpe de Estado del Legislativo al Ejecutivo, causando la repulsa del Solitario de Sayán, acólito que fue de la separación de poderes y de Montesquieu (y no hay que ser médium para imaginarlo). Las bataholas del ‘compañero’ Mulder, que fungió de triste comparsa del fujimorismo, se ahogaron también en la vergüenza.

Foto: Diario Uno

      Pero el presidente de la República no fue precisamente el general victorioso de la jornada de ayer, por más que se animara a acometer esta madrugada sus robóticos pasitos de baile, como si de ganar las elecciones por segunda vez se tratara. Ciertamente, el rechazo a su pretendida vacancia, representa para él un respiro, una bocanada de aire puro que debiera aprovechar para empezar a conducirse como un estadista, algo que no le conocemos hasta la fecha. Debe creerse de una buena vez por todas que es el jefe de un Estado; el hombre que, por añadidura y conforme al texto constitucional, personifica a la Nación, dejando en el baúl de los objetos en desuso la actitud timorata e insípida que ha caracterizado a su régimen.

      Lo anterior no implica, por cierto, que el presidente trastoque su personalidad y empiece a actuar con la soberbia, arrogancia y malcriadez que es tinta indeleble de la bancada parlamentaria de propiedad de Keiko Fujimori. Debe flanquearse de hombres inteligentes en el quehacer político. Está, pues, obligado a emular a Pericles, quien solía jactarse de estar rodeado de personas más capaces que él. El gerente de una empresa o el miembro del directorio de un banco, no tiene por qué ser a fuerza un buen gobernante o un ministro eficiente; el país –y esto se lo han repetido con puntillosa asiduidad- no es una influyente corporación económica.

      Los gestos son más que relevantes. Durante su presentación en el Congreso de la República, y en su más reciente mensaje a la Nación, un PPK aparentemente seguro de sí mismo, sin vacilar ni balbucear, nos habló de lo importante que era defender su honor y buen nombre, atributos indubitables del hombre digno. Que no pierda la oportunidad de hacerlo; que preste su concurso en todas las investigaciones que le hagan, sea a nivel congresal, sea a nivel fiscal, con las garantías de un auténtico debido proceso y del respeto a su investidura, sin escudarse en las interpretaciones huidizas de “connotados constitucionalistas”. Ese solo hecho lo enaltecería, permitiéndole reedificar una credibilidad algo quebrada por la mala fama de mentiroso con que lo adornaron dudosa y falazmente fujimoristas e izquierdistas.

      El presidente de la República tuvo el acierto de hacerse acompañar en el hemiciclo congresal, del abogado Alberto Borea Odría, quien a su condición de constitucionalista, suma su experiencia política de larga data. Borea desbarató el sainete de la bancada de propiedad de la señora Keiko, mal disimulado con disfraz de ‘debido proceso’. Dio cátedra de lo que significa este concepto básico y crucial del Derecho Constitucional y Procesal. Como hábil esgrimista, dio estocadas a los acusadores, recordando cómo en el régimen de su líder histórico, se mataba, se compraban congresistas, medios de comunicación; se denigraban honras, se intervino el Poder Judicial, el Ministerio Público, y se guillotinó a los magistrados del Tribunal Constitucional que se opusieron a la inconstitucional ‘interpretación auténtica’ que permitió la pantomima de la tercera y fraudulenta ‘reelección’ de Alberto Fujimori en el año 2000. Por último, desarropó, sin mencionar nombres, a muchos de los fujimoristas de nuevo cuño, preguntándose quién es más incapacitado moral y permanentemente para desempeñar una función pública.


Foto: Perú 21

     Ganó la democracia, no necesariamente PPK; perdió la angurria por el poder que domina el temperamento de Keiko Fujimori, a quien sus congresistas fueron a visitar concluida la votación, para reconfortarla por la derrota -la aplastante derrota-, y prometerle las cabezas de los diez parlamentarios fujimoristas que –incluido Kenji Fujimori- se abstuvieron de votar, acaso porque optaron por ser notables antes que ‘notorios’, como invocó Borea, parafraseando a don Roberto Ramírez del Villar, último presidente de la Cámara de Diputados. Al no estar sujetos a mandato imperativo, primó en ellos su conciencia; no el capricho de una señora que aún no digiere el hecho de haber perdido la segunda vuelta de 2016.

       Por lo pronto, el señor Luis Galarreta puede ir ordenando al oficial mayor del Congreso que arroje al cesto de lo inútil el proyecto de resolución legislativa, urdido en algún recinto naranja, con que se pretendía, a su vez, arrojar de Palacio de Gobierno al presidente elegido por los peruanos.

Foto: Publimetro

Lima, 22 de diciembre de 2017


sábado, 4 de junio de 2016

LA CANDIDATA ENMASCARADA


Esta es, sin duda, la campaña presidencial más enrarecida del Perú desde que el general Manuel Odría se erigió en candidato único en los comicios de 1950, tras poner en las rejas a su opositor, Ernesto Montagne, general del Ejército del Perú, al igual que él.

Por estos días, ha nacido una nueva raza de ‘profesionales’ que, bajo la falsa toga de ‘analistas políticos’, pretende echarnos luces y, acaso, conducirnos como ganado de los candidatos a los que sirven.

Las líneas que proceden, no son las de un ‘analista político’. Por el contrario, vienen de un sencillo ciudadano que, habiendo estudiado en una Facultad de Derecho y CIENCIAS POLÍTICAS (disculpen las mayúsculas), no pretende dar más de lo que ve y analiza, como cualquier peruano.

La política ha derivado en un teatro, incluso llamamos ‘actores políticos’ a sus protagonistas, y ellos debieron haber sido, en primera vuelta, los candidatos; no los magistrados del Jurado Nacional de Elecciones. Estos se subrogaron a los electores, los suplantaron, y decidieron quién queda y quién se va de la lid.  A una aspirante, le perdonó el dar dádivas y, como si de una ilusión óptica se tratase, no vieron a la candidata señalando ganador y sugiriendo la entrega de un sobre con dinero. En el colmo de la miopía, o del desparpajo, las banderolas anaranjadas con la inscripción “Keiko Presidente”, y los candidatos a congresistas por el Callao, con una rotunda ‘K’ y su número de lista en el pecho, tampoco existieron y, por tanto, no hubo evento proselitista. Palabra divina. ¿Tendrán licencia de conducir estos dignos magistrados? Espero que no. A César Acuña no se le vio entregando dádiva alguna, y lo expectoraron de la contienda (y que conste que le hemos dado duro y sin clemencia en esta Sotana: (http://lasotanadelinquisidor.blogspot.pe/2014/09/de-una-raza-distinta.html). Guzmán fue echado por la misma razón que debió fondear el mejunje formado por el APRA y el PPC, a la sazón, grandes y vergonzantes perdedores de la primera vuelta.  

A pocas horas de acudir por última vez a las urnas y definir al presidente(a) del bicentenario, me surgen muchas dudas, y como no soy ‘analista político’, una certeza tengo, y la expongo con franqueza: no votaré por Keiko Fujimori. No es el ‘odio’ –como pregonan de forma infantil e inmadura los demagogos-, tampoco mi condición de ‘caviar’, atribuida por los amantes del autoritarismo, que simulan creer en el Estado de Derecho, que es para ellos estorbo; mucho menos lo es un ‘antifujimorismo ontológico’. Es algo más simple que eso: memoria. Una memoria que me permite empatar los procedimientos del primer fujimorismo con los del presente, que se va desmaquillando.

En efecto, durante esta campaña se nos presentó a una Keiko maquillada y edulcorada respecto a su performance de 2011. Los barnices, sin embargo, se fueron cayendo cuando se supo ganadora de la primera vuelta. No hay que restarle mérito, pues, a diferencia de todos los candidatos en la parrilla electoral: inició su campaña al día siguiente de su derrota ante Ollanta Humala. Practicó entonces la única forma de hacer política que aprendió de la mano de su padre, cuando suplantó, sin ningún sonrojo, a Susana Higuchi –su madre- como ‘Primera Dama de la Nación’: el clientelismo. Regalitos por aquí, regalitos por allá. Así la adiestró Alberto, como cuando junto a él, repartía calendarios en las que Fujimori aparecía disfrazado de puneño, de ayacuchano, o de huancaíno, mientras personal del Ejército peruano entregaba cocinas Surge por doquier. Que te identifiquen con el regalo, no importando que este provenga de dinero del Estado o, en nuestros días, de fondos de oscura procedencia.



Con máscara, buena compañía y animus giocandi


La máscara cayó, no pudo sujetarse por más tiempo. Ahora vemos a una Keiko agresiva, envalentonada con las bravatas de sus congresistas electos. El Jurado Nacional de Elecciones, para curarse en salud, le quitó un candidato a la vicepresidencia, pero le dejó al señor José Chlimper, ministro de Agricultura durante el ilegítimo tercer gobierno de Alberto Fujimori, cuando el espurio régimen despedía los más penetrantes hedores de la corrupción, hasta finiquitar con una cobarde renuncia por fax de parte del autócrata. Algo –quizá muy poco- debe haber aprendido de aquellas épocas tan simpático caballero, al haber entregado un USB con audio editado y completamente trucho, a Panamericana Televisión (el canal del señor Schütz) como lo denunció la valiente periodista Mayra Alván, quien, en un ejercicio de decencia periodística prefirió renunciar antes que descender a las cuevas de un fujimontesinismo que preñó a los medios chicha, convirtiendo en albañales sus ‘salas de redacción’. Vergüenza, por cierto, ante los rostros, hoy echados, al igual programete que conducían, cuyo nombre no merece importancia alguna, dado su talante.  

La movida de Chlimper no tenía otro propósito que el de ‘limpiar’ a su predecesor en la secretaría general de Fuerza Popular, Joaquín Ramírez, el todopoderoso señor que, como en una novelilla rosa, se convirtió de cobrador de combi a propietario de lujosos inmuebles en los Estados Unidos, que no declaró ante los entes electorales de nuestro país. Si la DEA norteamericana le seguía los pasos, y en el Perú existían serias denuncias fiscales sobre lavado de dinero desde hace cuatro años, un simple cálculo político de Keiko Fujimori, lo habría sacado en el acto mismo de develarse toda esta vergüenza. Por el contrario, la señora Fujimori Higuchi no lo sacó de su partido (del que actualmente es congresista, y parlamentario electo por cinco años más). Más bien, utilizó la vieja fórmula de separarlo en el cargo mientras duren las investigaciones. Peor aún, se sabe que de allí el hecho de allí nace el hecho de José Chlimper, quien por estos días comparte cura de silencio junto a Cecilia Chacón, Aguinaga, Martha Chávez, Luisa Cuculiza y el lenguaraz Becerril (fíjense bien en las dos últimas sílabas de su digno apellido a quien legitima cada vez que algo sale de su ‘elegante’ fraseo).

Pasemos ahora a un breve análisis del último debate electoral, ocurrido en la Zona de Usos Múltiples (ZUM) de la Universidad de Lima (el auditorio principal, estimado Federico Salazar, no está en un sótano y ofrece un mural de Fernando de Szyszlo  que, imagino, sabes de quién se trata). La señora Keiko, siempre leyendo, dijo dos cosas que rescato: “He sido Primera Dama de la Nación;  tengo veinte y cinco años en política”. Su presentación la desluce, y contra todo de lo que quería aparentemente desarraigarse (‘mochila de su padre’), reafirmó ser parte, y no una simple testigo protocolar del régimen de Alberto Fujimori.

Reiteramos, en todo momento: la señora Keiko no se desprendió del guion que le había sido proporcionado por sus asesores. Es por esa inexperiencia que un PPK supo darle banderillazos cuando el único argumento de defensa era el ataque de su contrincante. Mal peor. Esta vez, a diferencia de lo extremadamente caballero que fue en Piura, el economista le dio tres pullas que encogieron los gestos de Fujimori Higuchi. Preguntada sobre los actos –que nos recuerdan a su padre y a su tío putativo-, optó por el silencio: “¿Cómo explica usted que no estuviera al tanto de lo que hacía Montesinos, cuando dormía en un cuarto vecino a él en el SIN?”. Dicho esto, Keiko cae en supinas incoherencias. Decíamos que inició su alocución, reafirmándose en ser ‘Primera Dama de la Nación’, y los años que, por boca suya, ejerció la política. Hagamos un simple recordatorio del domingo pasado. Por qué cuando PPK le enrrostraba los dislates de su padre, ofrecía como respuesta congelada el: "¡Soy yo la candidata. Métase conmigo!" ¿En qué quedamos? Ya había afirmado su condición de Primera Dama, y cuestiones aparte, Vladimiro Montesinos, cuando no imaginaba que Alberto Fujimori, el ciudadano japonés que nos gobernó, iba a cometer la torpeza de irse a Chile, y propiciar su extradición al Perú, explicó cómo viajó a los Estados Unidos, contando al detalle ante la justicia nacional, la forma en que él le entregaba nuestro dinero para concebir una profesión que jamás ejerció la candidata.
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Siempre siguiendo el libreto que sus asesores le habían preparado, Keiko, desconectada por completo de su libreto, fue incapaz de contestar una segunda arremetida de PPK: “Usted no tiene experiencia laboral. Nunca ha trabado. Sus votantes hubiesen preferido que ejerza el cargo por el que la eligieron como congresista. Contrariamente, usted se fue a estudiar una maestría a Estados Unidos, y si bien es cierto que en dicho tiempo concibió a dos de sus hijas, no me dirá que para ello quinientos días son suficientes y necesarios”. Silencio de la candidata naranjada, al igual que cuando fue interrogada por la cocaína almacenada en un local del que su hermano Kenji es socio (¿cómo lo hizo? Ni Ramírez, en tan poco tiempo). 

                                                                  Poderoso caballero. 

PPK, sin groserías de por medio, prosiguió fustigando a su contrincante: “¿Por qué pactó con un grupo de mineros ilegales lo que significaría el regreso de las dragas? ¿Por qué nos habla de un ‘Sendero Verde’?, ¿le consta que están realmente arrepentidos?” Una vez más primó el silencio, demoliendo por completo las argumentaciones del señor Hernando de Soto, su capitoste en materia económica, a quien conocemos por defender y asesorar dictaduras (la del propio Fujimori, plagiando el texto de un distinguido profesor para simularlo como discurso de Alberto ante la OEA, hasta servir al inefable Muamar el Gadafi, de quien ya conocemos su triste final). 

A falta de libreto, una balbusceeante Keiko Fujimori, siguió con el estribillo de la eliminación de la CTS. El remate fue contundente: “¿No fue acaso su candidato Chlimper, quien siendo ministro de Agricultura de su padre eliminó este beneficio a sus propios trabajadores?" PPK estaba en lo suyo: el tema propiamente económico. No cabían los papelitos escritos por De Soto; y, por cierto, tampoco lo gestos efectistas. Ver a una madre –Susana Higuchi- conducida a su silla por el mismo hijo que la tildó de mentirosa y de ansias de poder ante la justicia chilena, fue poco menos que una vileza: el aprovechamiento mediático de quien antes denostó.

Decíamos que, durante la primera vuelta, vimos a una Keiko edulcorada y enmascarada. Hoy, se muestra como Alberto la educó, políticamente hablando. Y el entorno que la cobija, no es más que la sucesión de pesadillas vivientes que nos regresan a los peores momentos del fujimorato. 

José Chlimper, candidato a la vicepresidencia de Keiko, cuando juramentó como último ministro de Agricultura de  Alberto  Fujimori                                                                                            Foto: Útero.pe

Quedan pocas horas, es verdad, pero es hoy cuando debemos repetir, cual PPK: “Tú no has cambiado nada, pelona”. 

sábado, 16 de abril de 2016

SIN COLITA PARA CARLITA


La señorita Carla García Buscaglia, primogénita del ciudadano Alan García Pérez, se queja hoy (1) en su columna del diario La República, por las dos horas y media que tuvo que esperar para sufragar, merced al pésimo sistema de votación electrónico implementado por la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE).

Comulgo con ella, pues yo mismo he criticado in situ, a través de las redes sociales, semejante entuerto del órgano electoral.

Confieso, sin embargo, que esas colas “achicharrantes” (sic), como refiere la señorita, me trajeron a la memoria las que este humilde escriba hizo de niño por un kilo de arroz o de azúcar durante el primer gobierno de su padre.

        Sospecho que si Carlita hubiese practicado dicho entrenamiento infantil, hubiera resistido el calor y la cola de mejor forma.

Foto: cortesía del doctor Daniel Rodríguez Castillo

Lima, 13 de abril de 2016

(1) Respuesta que este humilde ciudadano dio, en redes sociales, a la señorita García Buscaglia, tras leer su columna de miércoles 13 del presente mes y año en el diario La República. Las fechas coinciden; los que difieren -naturalmente- son las horas y el  medio de publicación. Agradezco sobremanera a quienes entendieron y comentaron la contestación a través de las redes. Varios de ellos me animaron a reproducirlo en este blog. En un principio, me opuse. Pero hubo momento en que ya no pude negarme ante la andanada de solicitudes -amigos apristas incluidos-. Gracias a todos ellos. 

sábado, 9 de abril de 2016

EL CANDIDATO QUE NO PODÍA DEJAR DE MENTIR


El señor Alan García Pérez, eligió el óvalo de la avenida Brasil (límite entre los distritos de Pueblo Libre y Jesús María), para su cierre de campaña. Mandó  levantar un estrado en el preciso lugar en el que los presidentes de la República observan la marcha militar de 29 de julio.

¿Creerá el doblemente exmandatario en cábalas y en sortilegios? Recordemos que García hacía sorna de los apus y de las costumbres milenarias de nuestros compatriotas andinos, ante la sonrisa complaciente de la periodista Cecilia Valenzuela. "Todavía creen en cerros como dioses, ja, ja, ja, ja."

Esto fue en 2009, cuando ejercía el cargo de primer mandatario de la Nación. En febrero del presente año, el señor García se presentó en 'Buenos Días Perú’, el noticiero matutino de Panamericana Televisión, y sostuvo una acalorada entrevista con la valiente periodista Pamela Acosta, a quien tildó de “mentirosa”, negando sus propios dichos y, exigiéndole de manera destemplada e iracunda, que mostrara los archivos.

Al día siguiente, ‘Buenos Días Perú’ cumplió con difundir los videos en los que se muestra, entre otros dislates elefantiásicos de García Pérez, el haber llamado ciudadanos de segunda categoría a nuestros compatriotas que defendían sus derechos.

¿Qué lleva al candidato Alan García a hacer dudosa gala de una compulsiva mendacidad? No es la primera vez –ni será la última- que incurre en esta práctica. Ello, unido a su habitual prepotencia, mal enmascarada con aires versallescos, explica en gran parte el lugar en que se encuentra en las encuestas, amén de los negros velos de la corrupción de los que siempre salió bien librado, tanto en el Ministerio Público, cuanto en el Poder Judicial.


Lima, abril de 2016

jueves, 24 de marzo de 2016

NO TODOS LOS CANDIDATOS PRESIDENCIALES PESAN IGUAL

Entre gallos y medianoche, el Jurado Especial Electoral de Lima Centro, nos acaba de confirmar que existen candidatos a la presidencia de la República de primera y de segunda categoría. El triunvirato de magistrados que integran el JEE, pareciera no entender –pese a la abundante prueba documental aportada-, el principio básico que reza: ‘A igual razón, se aplica igual derecho’.

      Por el contrario, tan ilustres jueces demuestran su predilección por los embudos (me refiero a la ‘ley del embudo’, desde luego).  


Caricatura: Andrés Edery. Fuente: El Comercio


Lima, 24 de marzo de 2016