sábado, 4 de junio de 2016

LA CANDIDATA ENMASCARADA


Esta es, sin duda, la campaña presidencial más enrarecida del Perú desde que el general Manuel Odría se erigió en candidato único en los comicios de 1950, tras poner en las rejas a su opositor, Ernesto Montagne, general del Ejército del Perú, al igual que él.

Por estos días, ha nacido una nueva raza de ‘profesionales’ que, bajo la falsa toga de ‘analistas políticos’, pretende echarnos luces y, acaso, conducirnos como ganado de los candidatos a los que sirven.

Las líneas que proceden, no son las de un ‘analista político’. Por el contrario, vienen de un sencillo ciudadano que, habiendo estudiado en una Facultad de Derecho y CIENCIAS POLÍTICAS (disculpen las mayúsculas), no pretende dar más de lo que ve y analiza, como cualquier peruano.

La política ha derivado en un teatro, incluso llamamos ‘actores políticos’ a sus protagonistas, y ellos debieron haber sido, en primera vuelta, los candidatos; no los magistrados del Jurado Nacional de Elecciones. Estos se subrogaron a los electores, los suplantaron, y decidieron quién queda y quién se va de la lid.  A una aspirante, le perdonó el dar dádivas y, como si de una ilusión óptica se tratase, no vieron a la candidata señalando ganador y sugiriendo la entrega de un sobre con dinero. En el colmo de la miopía, o del desparpajo, las banderolas anaranjadas con la inscripción “Keiko Presidente”, y los candidatos a congresistas por el Callao, con una rotunda ‘K’ y su número de lista en el pecho, tampoco existieron y, por tanto, no hubo evento proselitista. Palabra divina. ¿Tendrán licencia de conducir estos dignos magistrados? Espero que no. A César Acuña no se le vio entregando dádiva alguna, y lo expectoraron de la contienda (y que conste que le hemos dado duro y sin clemencia en esta Sotana: (http://lasotanadelinquisidor.blogspot.pe/2014/09/de-una-raza-distinta.html). Guzmán fue echado por la misma razón que debió fondear el mejunje formado por el APRA y el PPC, a la sazón, grandes y vergonzantes perdedores de la primera vuelta.  

A pocas horas de acudir por última vez a las urnas y definir al presidente(a) del bicentenario, me surgen muchas dudas, y como no soy ‘analista político’, una certeza tengo, y la expongo con franqueza: no votaré por Keiko Fujimori. No es el ‘odio’ –como pregonan de forma infantil e inmadura los demagogos-, tampoco mi condición de ‘caviar’, atribuida por los amantes del autoritarismo, que simulan creer en el Estado de Derecho, que es para ellos estorbo; mucho menos lo es un ‘antifujimorismo ontológico’. Es algo más simple que eso: memoria. Una memoria que me permite empatar los procedimientos del primer fujimorismo con los del presente, que se va desmaquillando.

En efecto, durante esta campaña se nos presentó a una Keiko maquillada y edulcorada respecto a su performance de 2011. Los barnices, sin embargo, se fueron cayendo cuando se supo ganadora de la primera vuelta. No hay que restarle mérito, pues, a diferencia de todos los candidatos en la parrilla electoral: inició su campaña al día siguiente de su derrota ante Ollanta Humala. Practicó entonces la única forma de hacer política que aprendió de la mano de su padre, cuando suplantó, sin ningún sonrojo, a Susana Higuchi –su madre- como ‘Primera Dama de la Nación’: el clientelismo. Regalitos por aquí, regalitos por allá. Así la adiestró Alberto, como cuando junto a él, repartía calendarios en las que Fujimori aparecía disfrazado de puneño, de ayacuchano, o de huancaíno, mientras personal del Ejército peruano entregaba cocinas Surge por doquier. Que te identifiquen con el regalo, no importando que este provenga de dinero del Estado o, en nuestros días, de fondos de oscura procedencia.



Con máscara, buena compañía y animus giocandi


La máscara cayó, no pudo sujetarse por más tiempo. Ahora vemos a una Keiko agresiva, envalentonada con las bravatas de sus congresistas electos. El Jurado Nacional de Elecciones, para curarse en salud, le quitó un candidato a la vicepresidencia, pero le dejó al señor José Chlimper, ministro de Agricultura durante el ilegítimo tercer gobierno de Alberto Fujimori, cuando el espurio régimen despedía los más penetrantes hedores de la corrupción, hasta finiquitar con una cobarde renuncia por fax de parte del autócrata. Algo –quizá muy poco- debe haber aprendido de aquellas épocas tan simpático caballero, al haber entregado un USB con audio editado y completamente trucho, a Panamericana Televisión (el canal del señor Schütz) como lo denunció la valiente periodista Mayra Alván, quien, en un ejercicio de decencia periodística prefirió renunciar antes que descender a las cuevas de un fujimontesinismo que preñó a los medios chicha, convirtiendo en albañales sus ‘salas de redacción’. Vergüenza, por cierto, ante los rostros, hoy echados, al igual programete que conducían, cuyo nombre no merece importancia alguna, dado su talante.  

La movida de Chlimper no tenía otro propósito que el de ‘limpiar’ a su predecesor en la secretaría general de Fuerza Popular, Joaquín Ramírez, el todopoderoso señor que, como en una novelilla rosa, se convirtió de cobrador de combi a propietario de lujosos inmuebles en los Estados Unidos, que no declaró ante los entes electorales de nuestro país. Si la DEA norteamericana le seguía los pasos, y en el Perú existían serias denuncias fiscales sobre lavado de dinero desde hace cuatro años, un simple cálculo político de Keiko Fujimori, lo habría sacado en el acto mismo de develarse toda esta vergüenza. Por el contrario, la señora Fujimori Higuchi no lo sacó de su partido (del que actualmente es congresista, y parlamentario electo por cinco años más). Más bien, utilizó la vieja fórmula de separarlo en el cargo mientras duren las investigaciones. Peor aún, se sabe que de allí el hecho de allí nace el hecho de José Chlimper, quien por estos días comparte cura de silencio junto a Cecilia Chacón, Aguinaga, Martha Chávez, Luisa Cuculiza y el lenguaraz Becerril (fíjense bien en las dos últimas sílabas de su digno apellido a quien legitima cada vez que algo sale de su ‘elegante’ fraseo).

Pasemos ahora a un breve análisis del último debate electoral, ocurrido en la Zona de Usos Múltiples (ZUM) de la Universidad de Lima (el auditorio principal, estimado Federico Salazar, no está en un sótano y ofrece un mural de Fernando de Szyszlo  que, imagino, sabes de quién se trata). La señora Keiko, siempre leyendo, dijo dos cosas que rescato: “He sido Primera Dama de la Nación;  tengo veinte y cinco años en política”. Su presentación la desluce, y contra todo de lo que quería aparentemente desarraigarse (‘mochila de su padre’), reafirmó ser parte, y no una simple testigo protocolar del régimen de Alberto Fujimori.

Reiteramos, en todo momento: la señora Keiko no se desprendió del guion que le había sido proporcionado por sus asesores. Es por esa inexperiencia que un PPK supo darle banderillazos cuando el único argumento de defensa era el ataque de su contrincante. Mal peor. Esta vez, a diferencia de lo extremadamente caballero que fue en Piura, el economista le dio tres pullas que encogieron los gestos de Fujimori Higuchi. Preguntada sobre los actos –que nos recuerdan a su padre y a su tío putativo-, optó por el silencio: “¿Cómo explica usted que no estuviera al tanto de lo que hacía Montesinos, cuando dormía en un cuarto vecino a él en el SIN?”. Dicho esto, Keiko cae en supinas incoherencias. Decíamos que inició su alocución, reafirmándose en ser ‘Primera Dama de la Nación’, y los años que, por boca suya, ejerció la política. Hagamos un simple recordatorio del domingo pasado. Por qué cuando PPK le enrrostraba los dislates de su padre, ofrecía como respuesta congelada el: "¡Soy yo la candidata. Métase conmigo!" ¿En qué quedamos? Ya había afirmado su condición de Primera Dama, y cuestiones aparte, Vladimiro Montesinos, cuando no imaginaba que Alberto Fujimori, el ciudadano japonés que nos gobernó, iba a cometer la torpeza de irse a Chile, y propiciar su extradición al Perú, explicó cómo viajó a los Estados Unidos, contando al detalle ante la justicia nacional, la forma en que él le entregaba nuestro dinero para concebir una profesión que jamás ejerció la candidata.
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Siempre siguiendo el libreto que sus asesores le habían preparado, Keiko, desconectada por completo de su libreto, fue incapaz de contestar una segunda arremetida de PPK: “Usted no tiene experiencia laboral. Nunca ha trabado. Sus votantes hubiesen preferido que ejerza el cargo por el que la eligieron como congresista. Contrariamente, usted se fue a estudiar una maestría a Estados Unidos, y si bien es cierto que en dicho tiempo concibió a dos de sus hijas, no me dirá que para ello quinientos días son suficientes y necesarios”. Silencio de la candidata naranjada, al igual que cuando fue interrogada por la cocaína almacenada en un local del que su hermano Kenji es socio (¿cómo lo hizo? Ni Ramírez, en tan poco tiempo). 

                                                                  Poderoso caballero. 

PPK, sin groserías de por medio, prosiguió fustigando a su contrincante: “¿Por qué pactó con un grupo de mineros ilegales lo que significaría el regreso de las dragas? ¿Por qué nos habla de un ‘Sendero Verde’?, ¿le consta que están realmente arrepentidos?” Una vez más primó el silencio, demoliendo por completo las argumentaciones del señor Hernando de Soto, su capitoste en materia económica, a quien conocemos por defender y asesorar dictaduras (la del propio Fujimori, plagiando el texto de un distinguido profesor para simularlo como discurso de Alberto ante la OEA, hasta servir al inefable Muamar el Gadafi, de quien ya conocemos su triste final). 

A falta de libreto, una balbusceeante Keiko Fujimori, siguió con el estribillo de la eliminación de la CTS. El remate fue contundente: “¿No fue acaso su candidato Chlimper, quien siendo ministro de Agricultura de su padre eliminó este beneficio a sus propios trabajadores?" PPK estaba en lo suyo: el tema propiamente económico. No cabían los papelitos escritos por De Soto; y, por cierto, tampoco lo gestos efectistas. Ver a una madre –Susana Higuchi- conducida a su silla por el mismo hijo que la tildó de mentirosa y de ansias de poder ante la justicia chilena, fue poco menos que una vileza: el aprovechamiento mediático de quien antes denostó.

Decíamos que, durante la primera vuelta, vimos a una Keiko edulcorada y enmascarada. Hoy, se muestra como Alberto la educó, políticamente hablando. Y el entorno que la cobija, no es más que la sucesión de pesadillas vivientes que nos regresan a los peores momentos del fujimorato. 

José Chlimper, candidato a la vicepresidencia de Keiko, cuando juramentó como último ministro de Agricultura de  Alberto  Fujimori                                                                                            Foto: Útero.pe

Quedan pocas horas, es verdad, pero es hoy cuando debemos repetir, cual PPK: “Tú no has cambiado nada, pelona”. 

sábado, 16 de abril de 2016

SIN COLITA PARA CARLITA


La señorita Carla García Buscaglia, primogénita del ciudadano Alan García Pérez, se queja hoy (1) en su columna del diario La República, por las dos horas y media que tuvo que esperar para sufragar, merced al pésimo sistema de votación electrónico implementado por la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE).

Comulgo con ella, pues yo mismo he criticado in situ, a través de las redes sociales, semejante entuerto del órgano electoral.

Confieso, sin embargo, que esas colas “achicharrantes” (sic), como refiere la señorita, me trajeron a la memoria las que este humilde escriba hizo de niño por un kilo de arroz o de azúcar durante el primer gobierno de su padre.

        Sospecho que si Carlita hubiese practicado dicho entrenamiento infantil, hubiera resistido el calor y la cola de mejor forma.

Foto: cortesía del doctor Daniel Rodríguez Castillo

Lima, 13 de abril de 2016

(1) Respuesta que este humilde ciudadano dio, en redes sociales, a la señorita García Buscaglia, tras leer su columna de miércoles 13 del presente mes y año en el diario La República. Las fechas coinciden; los que difieren -naturalmente- son las horas y el  medio de publicación. Agradezco sobremanera a quienes entendieron y comentaron la contestación a través de las redes. Varios de ellos me animaron a reproducirlo en este blog. En un principio, me opuse. Pero hubo momento en que ya no pude negarme ante la andanada de solicitudes -amigos apristas incluidos-. Gracias a todos ellos. 

sábado, 9 de abril de 2016

EL CANDIDATO QUE NO PODÍA DEJAR DE MENTIR


El señor Alan García Pérez, eligió el óvalo de la avenida Brasil (límite entre los distritos de Pueblo Libre y Jesús María), para su cierre de campaña. Mandó  levantar un estrado en el preciso lugar en el que los presidentes de la República observan la marcha militar de 29 de julio.

¿Creerá el doblemente exmandatario en cábalas y en sortilegios? Recordemos que García hacía sorna de los apus y de las costumbres milenarias de nuestros compatriotas andinos, ante la sonrisa complaciente de la periodista Cecilia Valenzuela. "Todavía creen en cerros como dioses, ja, ja, ja, ja."

Esto fue en 2009, cuando ejercía el cargo de primer mandatario de la Nación. En febrero del presente año, el señor García se presentó en 'Buenos Días Perú’, el noticiero matutino de Panamericana Televisión, y sostuvo una acalorada entrevista con la valiente periodista Pamela Acosta, a quien tildó de “mentirosa”, negando sus propios dichos y, exigiéndole de manera destemplada e iracunda, que mostrara los archivos.

Al día siguiente, ‘Buenos Días Perú’ cumplió con difundir los videos en los que se muestra, entre otros dislates elefantiásicos de García Pérez, el haber llamado ciudadanos de segunda categoría a nuestros compatriotas que defendían sus derechos.

¿Qué lleva al candidato Alan García a hacer dudosa gala de una compulsiva mendacidad? No es la primera vez –ni será la última- que incurre en esta práctica. Ello, unido a su habitual prepotencia, mal enmascarada con aires versallescos, explica en gran parte el lugar en que se encuentra en las encuestas, amén de los negros velos de la corrupción de los que siempre salió bien librado, tanto en el Ministerio Público, cuanto en el Poder Judicial.


Lima, abril de 2016

jueves, 24 de marzo de 2016

NO TODOS LOS CANDIDATOS PRESIDENCIALES PESAN IGUAL

Entre gallos y medianoche, el Jurado Especial Electoral de Lima Centro, nos acaba de confirmar que existen candidatos a la presidencia de la República de primera y de segunda categoría. El triunvirato de magistrados que integran el JEE, pareciera no entender –pese a la abundante prueba documental aportada-, el principio básico que reza: ‘A igual razón, se aplica igual derecho’.

      Por el contrario, tan ilustres jueces demuestran su predilección por los embudos (me refiero a la ‘ley del embudo’, desde luego).  


Caricatura: Andrés Edery. Fuente: El Comercio


Lima, 24 de marzo de 2016

DOÑA SUSANA LLONTOP SÁNCHEZ CARRIÓN

In memoriam

Con mucha tristeza me entero del reciente fallecimiento de la doctora Susana Llontop Sánchez Carrión. Fue durante muchos años directora de mi colegio, el Antonio Raimondi (del cual era egresada). Doblemente profesora mía, tanto en el colegio (donde nos enseñó gramática italiana en quinto de secundaria), cuanto en la Universidad de Lima.

Grande fue mi sorpresa cuando en primer ciclo de Estudios Generales se presentó como titular de la cátedra de Historia de la Civilización. Cuando leyó la lista de alumnos, y llegó a mi nombre, dijo textualmente: "Ya sabía que uno del Raimondi caería aquí". Ante el asombro de mis compañeros 'cachimbos', continuó: "He sido directora y profesora de su colegio".

Pero mi relación con doña Susana se remontaba -para mi asombro- desde hace muchos años atrás; cuando no era yo ni proyecto de vida. Entabló cercana amistad con mi madre. ¿Cómo y cuándo lo descubrí? Fue en Scala Gigante de la avenida Venezuela, en Breña. Acompañaba a mi madre de compras. Tenía yo siete años de edad, y cursaba el segundo grado de primaria.

 De pronto, veo a la directora de mi colegio dirigirse con amable sonrisa y familiaridad hacia nosotros. Yo temblaba, naturalmente. Mi madre, sin embargo, correspondió el saludo. "Hola, Susana, ¡qué gusto de verte! ¿Cómo está don Augusto?". Se trataba del padre de mi directora. "Más o menos, Glorita, con los achaques de la vejez, como imaginarás". Yo veía la escena con escepticismo, entre atónito y espantado. "Ya conoces a mi hijo, ¿no?". "¡Claro! -respondió ella-, soy la directora del Raimondi". Comencé a sudar frío, y esbocé una sonrisa nerviosa. Contrariamente a lo que pudiera pensarse, fue la directora que más me castigó, pues yo padecía de la muy peruana costumbre de confiarme del reloj y llegar tarde al colegio que quedaba a solo tres cuadras de mi casa.

¡Gracias, doña Susana! Me enseñó lo que es la puntualidad, aunque esa definición tan europea y extraña llegara a calar muchos lustros en mí.

 Doctora en Historia, es autora de una magnífica biografía sobre su antepasado, don José Faustino Sánchez Carrión, el 'Solitario de Sayán', a quien, con mucha propiedad, denominamos 'Fundador de la República'.

Mis más rendidas condolencias a su familia. Y a usted, doña Susana, mi sincera gratitud que va a modo de abrazo a donde quiera que esté.




Lima, 23 de marzo de 2016

sábado, 25 de octubre de 2014

EL DOS DE MAYO: RESPONSABILIDADES Y RETOS


El incendio de uno de los ocho edificios que integran el complejo arquitectónico de la plaza Dos de Mayo, la más bella y representativa del período republicano, sobrecoge mas no toma por sorpresa.

      Concluido el espectáculo de miradores, barandales y cornisas derribándose entre lenguas de fuego, no falta el coro plañidero, inútil y extemporáneo de las autoridades locales y del Gobierno Central que, en su afán por deslindar responsabilidades, se distribuyen verbalmente las culpas, siempre con un sospechoso rictus de lamento.



      Desconcertó que la ministra de Cultura, Diana Álvarez Calderón, en entrevista concedida a RPP TV el día mismo del incendio (16 de octubre), sostuviera que el Ministerio de Cultura (MINCUL) se limitaba a declarar la monumentalidad histórica de un bien inmueble, cualquiera fuese su naturaleza, pública o privada, y que, tratándose de bienes privados, su despacho no podía intervenir más allá de la mera declaración. Es una argumentación falaz, pues no puede ignorar que el hecho mismo de otorgar la calidad de ‘monumento histórico’ a un determinado bien, establece restricciones al derecho de propiedad, de manera que, por ejemplo, cualquier modificación o añadido a la estructura original, debe contar con autorización previa del MINCUL. Ello en obediencia a un principio de intangibilidad externa e interna del inmueble, en tanto monumento. Las personas que habitan este tipo de bienes, saben que para ejecutar las llamadas ‘mejoras necesarias’ (intervenciones destinadas a impedir su destrucción o deterioro), deben solicitar un permiso del Ministerio de Cultura, cuya tramitación engorrosa y dilatada en el tiempo, genera perjuicios insalvables al predio. El derecho de propiedad, pues, no es un derecho absoluto cuando estamos frente a esta clase de inmuebles; está limitado por razones de interés público, como lo establece la ley. 

      El estado de un edificio que es patrimonio histórico, está -en teoría- sujeto a supervisiones periódicas del MINCUL para verificar su estado de conservación, impedir que se dañen o modifiquen sus estructuras y, en última instancia, para prevenir desastres como el del Dos de Mayo. Lo contrario sería reducir la categoría de ‘monumento histórico’ a un mero membrete relumbrón e hipócrita, carente de contenido. El MINCUL desistió de ese derecho que es, a su vez, una obligación inexcusable. Resulta no menos sintomático que desde que el antiguo Instituto Nacional de Cultura fue elevado a la categoría de Ministerio, haya dispuesto medidas tan controversiales e inadecuadas como el arrinconamiento del Museo de la Nación para dar cabida a escritorios burocráticos, y autorizar la amputación de zonas arqueológicas de incalculable valor en beneficio de autopistas, como en el caso de Puruchuco, algo impensable en cualquier ciudad latinoamericana que estime –como de hecho estiman- el legado de sus ancestros. Solo Lima se permite tal suicidio bajo una óptica de autosuficiencia que raya con la idiotez.  Pareciera que, como en las primeras décadas del siglo XX, las autoridades del MINCUL suscribieran la nefasta idea de que, no importando cuánto se destruya en el camino, todavía nos queda mucho por explotar… ¡Y vaya que explotó en el Dos de Mayo!

      No menos responsabilidad le atañe a la Municipalidad Metropolitana de Lima, quien tiene en sus manos las tareas de Defensa Civil. Si como ha dicho la alcaldesa Susana Villarán, muchos de los negocios ubicados en inmuebles que están dentro del área declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO, han sido objeto de notificaciones y multas por infracciones “al no cumplir con los requisitos básicos de seguridad y licencias”, extraña que no se haya ordenado la clausura definitiva de dichos establecimientos. Estaba dentro de sus prerrogativas el hacerlo. No podemos, sin embargo, ser mezquinos con una gestión que se ha visto jaqueada desde un primer momento por un proceso revocatorio que, de alguna manera, la paralizó y distrajo. Por el contrario, con todos los baches que le impusieron sus detractores, logró hacer mucho en el ámbito cultural, como la creación de una gerencia en dicha materia, que las gestiones que le precedieron no tomaron en cuenta, excepción hecha de la de Alberto Andrade, quien estableció la Bienal de Cultura que el señor Castañeda se encargó de desactivar. La debilidad de Villarán al combatir a ciertas industrias que medran del Centro Histórico, es lo más reprochable, pues, según se sabe, el incendio habría sido generado en una fábrica clandestina instalada en el segundo piso del edificio calcinado.



       El tema que subyace en estas líneas, es el de la fragilidad que, en materia de protección del patrimonio monumental limeño (de eso que nos hace verdaderamente singulares, más allá del cebichito y de la mazamorra morada), tiene pendiente una capital sudamericana que se jactó alguna vez de ser la de la América del Sur. Hoy, la Empresa Municipal Inmobiliaria de Lima, reconoce que el Centro Histórico alberga el mayor número de tugurios de la ciudad, y que, cuando menos 5000 inmuebles del lugar, están a punto de caerse en pedazos sin necesidad de incendios. Poco o nada se hace por revertir esta situación.

BREVE INFORMACIÓN HISTÓRICA.- 

Conviene a este momento recordar que los edificios de la plaza son muy posteriores al bello obelisco al cual rodean. El monumento conmemorativo a la victoria del Dos de Mayo de 1866, se levantó en 1874, durante el gobierno de Manuel Pardo y Lavalle (primer presidente civil del Perú), sobre lo que fue el Óvalo de la Reina, contiguo al Camino Real del Callao (hoy avenida Colonial). La esplendidez del monumento contrastaba con la miserable apariencia de galpones y chinganas. No fue sino hasta 1924, durante el oncenio de Leguía, y como parte de las celebraciones de la Batalla de Ayacucho y del Congreso Panamericano de ese año, que don Víctor Larco Herrera, propietario de la próspera Hacienda Roma, se propuso dotar al monumento de un marco digno de su fábrica. Convocó para ello al arquitecto francés Claude Sahut, quien trazó los planos que concluiría el polaco Ricardo de la Jaxa Malachowski.

     El óvalo del Dos de Mayo formaba una unidad con el de Bolognesi a través de la amplia y arbolada avenida Alfonso Ugarte, llena de palacetes y caserones de banqueros y prósperos empresarios. (Hasta hoy se conserva el del señor Augusto Wiese, en la esquina de Ugarte y Bolivia.) La idea original consistía en crear un gran paseo para la ciudad que tuviera, al mejor estilo parisino, dos remates igualmente soberbios. 


Lima, octubre de 2014


martes, 7 de octubre de 2014

LA LEY SÉCALA

Escribimos esta humorada en noviembre de 2006. El previsible candidato ganador de esa contienda fue el mismo de hoy, don Luis Castañeda Lossio. Por ello, y por el ridículo asunto de que se trata, nos parece simpático desempolvar lo que suscribimos hace casi ocho años. 

Una vieja y latosa disposición prescribe que, veinticuatro horas antes y doce horas después de cada elección (presidencial, congresal, edil, pueril, mandil), los peruanos debemos convertirnos en abstemios por arte de Mandrake el mago. Y aunque no soy acólito de Baco ni mucho menos, debo aplaudir con sincera admiración el ingenio criollo de nuestros compatriotas, pues yo he visto más borrachos este fin de semana electorero, que en cualquier otro. Claro, son ebrios caletas, buenas gentes, ni tan siquiera tildan para huascas; picaditos nomás, aderezaditos solamente. No cabe duda de que la frase ‘hecha la ley, hecha la trampa’, nació entre nosotros para quedarse por los siglos de los siglos, amén. ¡Salud por eso!

        Dan pena no los simpáticos borrachines, sino los ingenuos caídos del palto, que se figuran que el peruano de cebichito con chelita bien al polo, va a acompañar nuestro plato nacional con mandarinas o limonadas. Se pasan de monses si se la creen, y bien sé que no se la creen porque esos mismos que dictaminan la más violada de las leyes, o sea, la ‘Ley Seca’, han chocado cristales previo “salud, hermano, que yo te estimo”, saciando así su cultura etílica con un soberbio pisco o con un Juanito Caminante etiqueta roja, mínimo. ¿Juanito Caminante? ¡Johnny Walker, pues! Ah, eso sí, recontra caletones ellos también, porque la ‘cultura caleta’ (dícese del arte de hacer las cosas a escondidas, por lo bajo, sin que te ampayen) también es creación nuestra y se practica en todas las esferas, estratos y sectores sociales, al punto de que, de haber olimpiada de caletas, ganamos sobrados, pues es el único deporte que los peruanos practicamos decentemente y con decoro. ¡Pásame la botella!

            Hay que ser bien candelejón (por no decir un peruanismo que se le parece), como para suponer que ciertos señorones votaron en la segunda vuelta presidencial, dizque ‘tapándose la nariz’, por nuestro actual mandatario. No se taparon las fosas nasales, se cubrieron la boca para que no les huela el tufo. Pero no seamos maleteros con ellos porque, franquezas aparte, necesitaban de alcoholes bailándoles en la masa encefálica, para votar por un temido señor que en su primer período nos llevó a la peor debacle económica de nuestra historia, y es comprensible de que antes de arrojarse del acantilado, se den un poquito de valor con una etiqueta azul de Johnny Walker. ¿Johnny Walker? ¡Juanito Caminante, pues, y lléname ese vaso!

Caricatura: Lavida en diario Gestión.

          Además, ante elecciones municipales más aguadas porque todo mundo sabía quién las iba a ganar con holgura (al menos en Lima), se imponía con mucha más razón unas aguas, ¿o no?  Ya, no te hagas, (¡sí, sí, a ti te digo, a ti!) que la hacías buena en la bodega del paticojo, susurrándole: “Oye, Angelón, pásame caleta dos botellas de cerveza bien heladas. Ya sabes, bolsa negra para encaletarla, bolsa negra, mi estimado pirata”. ¿Si o no? ¡Si, pues! O tú, (¡no te hagas el loco; a ti también te hablo!) que caminabas ocho cuadras hasta la bodega del chino, la más alejada de tu casa para que no te pescara in fraganti tu mujer, y le decías en voz baja: “Oe chino, sácame un Dasani heladito. Botas la mitad y el resto me lo llenas con una chatita de ron. Eso sí, pásame una barra de caramelos de menta pa’ que no me sientan el turrón. ¿Por quién vas a votar, chino, por Lay Fung, no?”, y caminabas haciendo la finta de deportista, de consumidor de bajas calorías, mientras el sorbete te suministraba diablos azules, porque repetías la misma jugada en cinco bodegas más antes de regresar a tu jato. ¡Brindo por eso, campeón de los caletas!

          ¿No somos admirables los peruanos? ¡Qué ingeniosos somos! Y después no faltan los aguafiestas que dicen que no somos creativos. ¿Dije ‘aguafiestas’? Me apunto, ¿dónde es el tono y qué trago hay?

            Conste que no soy borrachín. Únicamente escribo lo que he visto durante esta ‘ley seca’. ¡Fuiiira de acá! Sécala, hermano. ¿Secar qué? La ‘ley seca’, pues.


Lima, 20 de noviembre de 2006