martes, 7 de octubre de 2014

LA LEY SÉCALA

Escribimos esta humorada en noviembre de 2006. El previsible candidato ganador de esa contienda fue el mismo de hoy, don Luis Castañeda Lossio. Por ello, y por el ridículo asunto de que se trata, nos parece simpático desempolvar lo que suscribimos hace casi ocho años. 

Una vieja y latosa disposición prescribe que, veinticuatro horas antes y doce horas después de cada elección (presidencial, congresal, edil, pueril, mandil), los peruanos debemos convertirnos en abstemios por arte de Mandrake el mago. Y aunque no soy acólito de Baco ni mucho menos, debo aplaudir con sincera admiración el ingenio criollo de nuestros compatriotas, pues yo he visto más borrachos este fin de semana electorero, que en cualquier otro. Claro, son ebrios caletas, buenas gentes, ni tan siquiera tildan para huascas; picaditos nomás, aderezaditos solamente. No cabe duda de que la frase ‘hecha la ley, hecha la trampa’, nació entre nosotros para quedarse por los siglos de los siglos, amén. ¡Salud por eso!

        Dan pena no los simpáticos borrachines, sino los ingenuos caídos del palto, que se figuran que el peruano de cebichito con chelita bien al polo, va a acompañar nuestro plato nacional con mandarinas o limonadas. Se pasan de monses si se la creen, y bien sé que no se la creen porque esos mismos que dictaminan la más violada de las leyes, o sea, la ‘Ley Seca’, han chocado cristales previo “salud, hermano, que yo te estimo”, saciando así su cultura etílica con un soberbio pisco o con un Juanito Caminante etiqueta roja, mínimo. ¿Juanito Caminante? ¡Johnny Walker, pues! Ah, eso sí, recontra caletones ellos también, porque la ‘cultura caleta’ (dícese del arte de hacer las cosas a escondidas, por lo bajo, sin que te ampayen) también es creación nuestra y se practica en todas las esferas, estratos y sectores sociales, al punto de que, de haber olimpiada de caletas, ganamos sobrados, pues es el único deporte que los peruanos practicamos decentemente y con decoro. ¡Pásame la botella!

            Hay que ser bien candelejón (por no decir un peruanismo que se le parece), como para suponer que ciertos señorones votaron en la segunda vuelta presidencial, dizque ‘tapándose la nariz’, por nuestro actual mandatario. No se taparon las fosas nasales, se cubrieron la boca para que no les huela el tufo. Pero no seamos maleteros con ellos porque, franquezas aparte, necesitaban de alcoholes bailándoles en la masa encefálica, para votar por un temido señor que en su primer período nos llevó a la peor debacle económica de nuestra historia, y es comprensible de que antes de arrojarse del acantilado, se den un poquito de valor con una etiqueta azul de Johnny Walker. ¿Johnny Walker? ¡Juanito Caminante, pues, y lléname ese vaso!

Caricatura: Lavida en diario Gestión.

          Además, ante elecciones municipales más aguadas porque todo mundo sabía quién las iba a ganar con holgura (al menos en Lima), se imponía con mucha más razón unas aguas, ¿o no?  Ya, no te hagas, (¡sí, sí, a ti te digo, a ti!) que la hacías buena en la bodega del paticojo, susurrándole: “Oye, Angelón, pásame caleta dos botellas de cerveza bien heladas. Ya sabes, bolsa negra para encaletarla, bolsa negra, mi estimado pirata”. ¿Si o no? ¡Si, pues! O tú, (¡no te hagas el loco; a ti también te hablo!) que caminabas ocho cuadras hasta la bodega del chino, la más alejada de tu casa para que no te pescara in fraganti tu mujer, y le decías en voz baja: “Oe chino, sácame un Dasani heladito. Botas la mitad y el resto me lo llenas con una chatita de ron. Eso sí, pásame una barra de caramelos de menta pa’ que no me sientan el turrón. ¿Por quién vas a votar, chino, por Lay Fung, no?”, y caminabas haciendo la finta de deportista, de consumidor de bajas calorías, mientras el sorbete te suministraba diablos azules, porque repetías la misma jugada en cinco bodegas más antes de regresar a tu jato. ¡Brindo por eso, campeón de los caletas!

          ¿No somos admirables los peruanos? ¡Qué ingeniosos somos! Y después no faltan los aguafiestas que dicen que no somos creativos. ¿Dije ‘aguafiestas’? Me apunto, ¿dónde es el tono y qué trago hay?

            Conste que no soy borrachín. Únicamente escribo lo que he visto durante esta ‘ley seca’. ¡Fuiiira de acá! Sécala, hermano. ¿Secar qué? La ‘ley seca’, pues.


Lima, 20 de noviembre de 2006



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