sábado, 13 de junio de 2026

PACUCHO, APÁRTEME DE AIR SUPPLY

Aquella mañana del 2 de junio de 1993 se tornaba friolenta. Mi tío abuelo Abdón Breña La Torre, al darse cuenta de sus prolongados estornudos, le aconsejó que no saliera. Aldo se frotó las manos, fue al baño del primer piso para seguir estornudando y secarse la nariz, mientras su padre lo seguía preocupado. “Voy a la universidad, no puedo faltar”, respondió. Y así lo hizo.
Aldo Isaac Breña Delgado fue un buen joven, pero como tal y a su edad, presumía de rebelde sin causa a sus 22 años. Lo odiaba cuando muy temprano me despertaba sabiendo de mi malogrado reloj biológico, para carcajearnos juntos pasada la impresión.
Lo hacía por bien, porque siempre fue una persona preocupada por sus semejantes. Cierto es que cuando las reuniones familiares acontecían en su casa, era más afable con todos. No había jueves que no estuviera en mi casa.
Mi madre le preparaba lo que le gustaba y se lo espetaba a mi tía Rina, prodigio de madre y esposa, y en mi intricado horario de Estudios Generales, veíamos viejas series cómicas como ‘Happy Days’.
-Fernando, ya es hora de irnos a tomar unas chelas en Arenales. ¡Vamos, huevón!
Todos los jueves por la tarde era la misma rutina, pues éramos entrañables: me contaba lo suyo y yo lo mío, pero aquella última semana lo vi desencajado. Tenía por enamorada a una chica por la que daba la vida. Tenía también un grupo de amigos aquella noche rumbo al Malecón de la Reserva para celebrar el cumpleaños de un amigo. Desde lo alto del acantilado escuchaban el concierto de Air Supply.
Me lo tomé en serio desde el grito de mi madre poco antes de que el 2 de junio venciera, y me tocó reconocer en un lugar inapropiado el cuerpo de quien era vida entera. Lo hice, desde luego, en compañía de mi tío Mario Breña, porque no poseo el apellido legalmente materno de mi padre. Él era mi tío, primo hermano de mi padre, pero mayor que yo por tan solo dos años, y tío de sus sobrinos mayores.
Horas antes, unos alumnos de Derecho de una universidad privada (o decían serlo), se acercaron a ellos cuando sus latas de cerveza fueron aventadas desde el acantilado. Les ofrecieron rendir más culto a Baco y, Aldo opuso resistencia en el momento en que querían robarle su reloj. Hubo testigos del hecho que levantaron el parte ante la Policía Nacional del Perú. Para seguridad de ellos, no fueron identificados. como sí debió hacerse conforme al Código de Procedimientos Penales de 1940, vigente a la fecha.
Un amigo en común estaba a su lado y cuando los homicidas se lanzaron sobre Aldo en un día lluvioso desde el malecón, forzando por su vida a través de las ramas lamentablemente húmedas, su cráneo dio con una piedra próxima a la autopista.
Al siguiente día, en su velatorio en San Isidro, luego de recoger su cuerpo y hacer los trámites en el velatorio, alguien se me acercó y abrazó con la impronta del cobarde, no del doliente.
“Pacucho” para mí es una herida sin cerrar.
A ti te digo, bien pudiste dar tu testimonio y ahora presumes de abogado.
El jueves siguiente íbamos a ir a nuestro huarique especial donde hablábamos de todo, sincerándonos como siempre, pero el homicidio y la cobardía nos lo amputó: ese mismo día lo estábamos velando.

Luis Fernando Poblete Elejalde
Lima, 2 de junio de 2026

Aldo Isaac Breña Delgado (Lima, 29 de enero de 1971 - Lima, 2 de junio de 1993)


Hace algunos años en nuestro huarique de la avenida Arenales con sus vecinos y amigos de Vista Alegre

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